En nuestro servicio el 13 de septiembre. Había una inquietud palpable en el aire, de esas que todos hemos compartido alguna vez: esa ansiedad de intentar “descifrar” qué es lo que Dios quiere que hagamos. Les confieso algo, familia: este mensaje me pegó a mí también. A veces, como pastores, parecemos tener todas las respuestas, pero la verdad es que yo también me he visto ahí, luchando con la incertidumbre.
Nos preguntamos con angustia: “¿Debo irme a Puebla, a Guadalajara o a Monterrey?”, “¿Pongo un negocio de sushi o uno de crepas?”. Vivimos bajo el temor de “equivocarnos de camino”, como si la voluntad de Dios fuera un hilo delgado que, si se rompe, nos deja fuera de Su gracia. Sin embargo, el problema es que nos hemos obsesionado tanto con el hacer (el lugar, el negocio, la carrera) que hemos olvidado el ser: nuestro carácter y nuestra relación con Cristo. La tesis que quiero que graben en su corazón es esta: la voluntad de Dios no es un código postal; es la persona en la que te conviertes mientras caminas.
1. Menos geografía, más carácter
Miren lo que pasa en la escuela bíblica de El Carmen. Los estudiantes pasan dos años en un internado, conviviendo y estudiando, y luego les toca un año de práctica. Es ahí donde entra la crisis. Se enfocan tanto en si deben ir a la sierra o a una iglesia en la ciudad que terminan rogando: “Señor, abre o cierra puertas”. Pero se olvidan de que Dios está más interesado en lo que sucede dentro de ellos que en el lugar donde pondrán sus maletas.
¡Cuidado! No caigan en la trampa de obsesionarse con el destino. Enfocarse exclusivamente en “puertas abiertas o cerradas” es una receta para la ansiedad. Piénsenlo como la crianza de mi hija Vica. Lency y yo podemos tener sueños para ella, pero nuestra verdadera voluntad es que sea inteligente, generosa y sepa escuchar. Independientemente de si elige ser doctora, arquitecta o músico, lo que nos importa es quién es ella.
Esta verdad tiene que aterrizar en su realidad hoy mismo: Dios es igual de glorificado en un pastor que en un empresario honorable que rinde cuentas al Reino. Si eres productivo y actúas con integridad, ya estás en Su voluntad. La geografía es secundaria; tu carácter es lo principal.

2. La brújula infalible de 1 Tesalonicenses 5
Si quieren dejar de adivinar y empezar a actuar, la Biblia ya nos dio la lista clara de lo que sí es la voluntad de Dios. Antes de leer los versículos más conocidos, deténganse en el 14, que nos manda a ser “pacientes para con todos”. Seamos honestos: ya tronamos ahí todos, ¿verdad? Es difícil, pero ahí es donde se forma el carácter.
Durante el servicio, desglosamos estos mandatos prácticos que son la verdadera brújula para cualquier cristiano:
- No pagar mal por mal: Renunciar a la venganza, seas plomero, chofer o presidente.
- Seguir siempre lo bueno: Buscar el bienestar de los demás de manera constante.
- Estar siempre gozosos: Mantener el gozo en la riqueza, en la pobreza, en la enfermedad y en la salud.
- Orar sin cesar: Mantener una comunicación dependiente con el Padre.
- Dar gracias en todo: Reconocer la soberanía de Dios en cada circunstancia.
> “Mirad que ninguno pague a otro mal por mal; antes seguid siempre lo bueno unos para con otros, y para con todos. Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.” — 1 Tesalonicenses 5:15-18
3. El agradecimiento como transformador de realidades
El agradecimiento no es un sentimiento bonito; es una actitud que permite o estorba la intervención de Dios. Es un “principio de diseño”. Cuando eres agradecido, cambias la atmósfera de tu trabajo y hasta la salud de tu cuerpo.
Miren, esto no es solo teoría. Tuvimos el testimonio de una hermana que, en medio de quimioterapias contra el cáncer, decidió que su gratitud sería mayor que su dolor. Científicamente, los libros de medicina dicen una cosa sobre el deterioro del cuerpo, pero el diseño de Dios dice otra. Su actitud de agradecimiento creó una realidad de sanidad que desafió los diagnósticos. La gratitud es la llave que permite que Dios intervenga en despidos, enfermedades o conflictos. La queja, por el contrario, nos estanca en el desierto.
4. Cuidado con el “nido de víboras” en tu mente
Nuestra mente es el campo de batalla. La Biblia, en pasajes como Isaías 59, nos advierte sobre los pensamientos que, si se alimentan, forman un “nido” donde nacen “huevos de áspid”. Si permites que un pensamiento de miedo o rencor se quede a vivir en tu cabeza, eventualmente se convertirá en una realidad dolorosa.
Esto no es misticismo ni “ley de atracción” mágica; es una ley espiritual y biológica de diseño. Lo creas o no, lo que siembres en tu pensamiento, eso vas a cosechar. Por eso debemos aplicar el Principio de Sustitución. No trates de “no pensar” en lo malo; reemplázalo. Si llega el afán, identifícalo y sustitúyelo con: “Por nada estéis afanosos”. Al renovar nuestro entendimiento (Romanos 12), creamos nuevos puentes neuronales que transforman nuestra biología y nuestra paz.
5. El poder de una Iglesia que manifiesta a Cristo
El mundo no está esperando que tengamos mejores títulos o edificios más lujosos; la creación gime por la manifestación de los hijos de Dios. La madurez espiritual no es para que nos sintamos “santos”, sino para que el mundo vea a Cristo a través de nuestro carácter.
Jesús es nuestro mayor ejemplo. Él no nació en un pesebre por falta de opciones, sino para demostrarnos que se puede manifestar el Reino desde la precariedad más absoluta. Si Él salió de un establo para salvar al mundo, tú también puedes salir de tu situación actual para servir a otros. El poder de la iglesia no está en su estatus, sino en la mansedumbre y humildad de sus miembros en las oficinas, en las casas y en las calles de nuestra nación.
Conclusión y Bendición Pastoral
La voluntad de Dios no es algo que debas encontrar en un futuro lejano; es algo que cumples hoy, aquí mismo, si decides caminar con gratitud y un carácter transformado. No permitas que la ansiedad por el “mañana” te robe la oportunidad de ser como Cristo “hoy”.
Te dejo con esta pregunta para reflexionar:
¿Estás tan preocupado por a dónde ir que has olvidado quién debes ser mientras llegas?
Señor, te pido que bendigas a cada familia aquí representada. Rompe, oh Dios, cualquier cadena del pasado que intente detenerlos. Trae sanidad profunda a las heridas de liderazgo y a los dolores de la infancia que aún nublan el juicio. Te pedimos que tu paz inunde sus mentes y sanidad total a sus cuerpos, desde la cabeza hasta los pies. Que esta semana caminen como guerreros de la reconciliación, manifestando Tu Reino en nuestra nación. Que Tu perfecta voluntad se haga en ellos, así como se hace en el cielo. Amén.





